TURISMO POR LA RIBERA DE NAVARRA

Cascante, Tulebras, Barillas y Murchante, unidos por sus sabores

Entre olivos, huertas y vides por el Valle del Queiles
La ruta «Entre olivos, huertas y vides por el valle del Queiles» recorre 17,5 kilómetros con apenas 80 metros de desnivel y está pensada para senderistas y ciclistas

'Entre olivos, huertas y vides por el valle del Queiles'. El propio nombre resume buena parte de lo que espera a quien decida recorrer esta ruta por la Ribera de Navarra. Son 17,5 kilómetros que unen Cascante, Tulebras, Barillas y Murchante atravesando un territorio en el que el paisaje y aquello que acaba llegando a la mesa están estrechamente relacionados.

El recorrido forma parte de las Rutas de Paisajes Enogastronómicos de Navarra, una iniciativa que propone descubrir diferentes zonas de la Comunidad Foral a través de sus cultivos, productos, productores y tradiciones gastronómicas.

En el caso del valle del Queiles, la propuesta resulta especialmente reconocible para quienes viven en la Ribera: viñas, olivares, huertas y campos de cultivo acompañan buena parte del camino.

17,5 kilómetros por cuatro localidades de la Ribera

La ruta es circular y tiene 17,5 kilómetros de longitud, con un desnivel aproximado de apenas 80 metros. El tiempo estimado para completar el itinerario a pie es de unas cuatro horas y media.

El trazado conecta Cascante, Tulebras, Barillas y Murchante mediante caminos que permiten adentrarse en el paisaje agrícola del valle. La señalización indica que puede realizarse tanto a pie como en bicicleta y que no está permitida la circulación de vehículos a motor.

Más que buscar grandes desniveles o dificultades técnicas, la propuesta invita a observar el territorio con otros ojos. Buena parte de lo que caracteriza gastronómicamente a esta zona nace precisamente en los campos que aparecen a ambos lados del recorrido.

Una ruta con sabor a vino y aceite

El clima mediterráneo de esta parte de Navarra favorece cultivos de secano que han marcado históricamente el paisaje. Entre ellos destacan la vid y el olivo, dos de los grandes protagonistas de la ruta y también de la actividad agroalimentaria de la zona.

Los viñedos aparecen en distintos puntos del recorrido, mientras que los olivares recuerdan la larga vinculación de estas localidades con la producción de aceite. El itinerario busca precisamente que el visitante no contemple estos cultivos únicamente como parte del paisaje, sino que entienda la relación existente entre el campo, quienes lo trabajan y los alimentos que posteriormente llegan a la mesa.

El Queiles y el Canal de Lodosa cambian el paisaje

Pero el valle del Queiles no se entiende únicamente desde los cultivos de secano. El río Queiles y el Canal de Lodosa permiten que las tierras de regadío se abran paso por el valle y cambien por completo el paisaje.

Es ahí donde aparece otra de las señas de identidad de la Ribera: la huerta.

Espárragos, alcachofas, borrajas o cardos forman parte de la variedad de productos asociados a estos campos. La combinación entre secano y regadío hace que en relativamente pocos kilómetros el caminante pueda pasar de los viñedos y olivares a terrenos dedicados a las verduras y hortalizas.

Ese contraste es precisamente uno de los principales atractivos del recorrido: entender cómo el agua, el clima y el trabajo agrícola han ido modelando tanto el paisaje como la gastronomía de esta zona de Navarra.

Cascante, Tulebras, Barillas y Murchante

El itinerario permite además acercarse a cuatro municipios del valle del Queiles. La ruta parte del entorno de Murchante y desciende hacia Cascante y Tulebras antes de dirigirse hacia Barillas y emprender posteriormente el regreso.

En el mapa del recorrido aparecen también referencias reconocibles del territorio, como el propio río Queiles o la Laguna de Lor, además de la red de caminos agrícolas que atraviesa esta zona de la Ribera.

La cercanía entre las localidades hace posible plantear el recorrido no solamente como una actividad deportiva, sino como una jornada para conocer el patrimonio, la gastronomía y los productos de cada municipio.

El paisaje como una forma de explicar lo que comemos

La iniciativa de Paisajes Enogastronómicos de Navarra parte precisamente de esa idea. El Gobierno de Navarra plantea estos recorridos como una manera de unir naturaleza, cultura y gastronomía y, al mismo tiempo, fomentar un turismo sostenible que dé protagonismo al producto local y a las personas que trabajan en su producción.

Los recorridos cuentan con paneles informativos en los puntos de inicio y con recursos digitales mediante códigos QR. A través de ellos es posible acceder a relatos y testimonios de productores y conocer las historias, conocimientos y tradiciones que hay detrás de estos paisajes.

De esta manera, el campo deja de ser simplemente el escenario por el que transcurre la ruta y pasa a convertirse en el verdadero protagonista.

Un proyecto para hacer de la gastronomía un atractivo turístico

La creación de estos itinerarios se integra en una estrategia más amplia para posicionar Navarra como destino enogastronómico, vinculando turismo, sector primario, hostelería y producto de proximidad.

La actuación denominada «Navarra y sus paisajes enogastronómicos: estrategia para cohesionar Navarra como destino gastronómico» fue aprobada dentro del Plan Turístico Nacional de Enogastronomía y cuenta con financiación europea procedente de los fondos Next Generation EU.

El proyecto nació con una dotación de 2,38 millones de euros y contempla diferentes líneas de trabajo relacionadas con la sostenibilidad, la movilidad, la digitalización, la creación de experiencias y la promoción del producto de kilómetro cero.

Una estrategia que encuentra en el valle del Queiles uno de sus mejores ejemplos: aquí no hace falta construir un paisaje gastronómico porque lleva generaciones existiendo. Está en las viñas, en los olivares, en las acequias y en las huertas que forman parte del día a día de la Ribera.

Una forma diferente de redescubrir la Ribera

La ruta ofrece así una alternativa para quienes buscan una actividad al aire libre sin necesidad de desplazarse a zonas de montaña. Sus 17,5 kilómetros y escaso desnivel permiten recorrer tranquilamente un paisaje eminentemente agrícola y detenerse a descubrir aquello que muchas veces pasa desapercibido cuando se atraviesa la zona en coche.

Porque detrás de una alcachofa, un espárrago, una copa de vino o una botella de aceite existe primero un territorio. Y en esta parte de Navarra ese territorio se puede recorrer paso a paso.

Entre olivos, huertas y vides por el valle del Queiles convierte así cuatro localidades de la Ribera y sus campos en una ruta en la que paisaje y gastronomía cuentan, en realidad, una misma historia.