FITERO

Un desahucio en Fitero que puede ser el primero de muchos

Vista de Fitero

 Patricia Alvero alerta del riesgo de hasta 19 desahucios en una misma barriada tras el primer lanzamiento ocurrido la pasada semana

 

En Fitero se vive estos días una situación de enorme preocupación vecinal que apenas ha trascendido fuera del pueblo. El miércoles 4 de marzo se produjo el primer desahucio en una barriada construida hace poco más de dos décadas y muchos tememos que pueda ser solo el inicio de una cadena que afecte hasta a 19 viviendas.

Quien no conozca la historia podría pensar que se trata de un caso aislado, pero no lo es. En estas viviendas viven familias trabajadoras, personas mayores y también niños que han crecido en el barrio. Durante años hemos pagado los alquileres y hemos desarrollado nuestra vida con normalidad en unas casas que se construyeron hace algo más de veinte años y que con el tiempo han ido cambiando de manos.

Ese es precisamente uno de los problemas de fondo. A lo largo de los años, estas viviendas han pasado por distintas inmobiliarias y fondos de inversión. Cada cambio de propiedad ha supuesto nuevas condiciones, nuevas incertidumbres y la sensación constante de que las decisiones sobre el futuro de estas familias se toman muy lejos de Fitero. Para quienes compran y venden estos edificios son operaciones financieras; para quienes viven en ellos es su hogar.

La situación se ha ido complicando con el paso del tiempo. Los precios del alquiler han ido subiendo, mientras muchas familias han tenido que hacer auténticos esfuerzos para seguir pagando. En los últimos tiempos, una parte del alquiler estaba cubierta por ayudas públicas del Gobierno de Navarra destinadas a facilitar el acceso a la vivienda.

Sin embargo, en los últimos tiempos se ha producido un hecho que ha agravado aún más la situación. Parte de esas ayudas al alquiler han dejado de aplicarse en algunos casos, lo que ha supuesto que varias familias se encuentren de repente con un gasto mucho mayor del que podían asumir. La consecuencia es evidente: cuando desaparece una ayuda importante y los ingresos no cambian, el riesgo de impago aumenta.

Ese es el contexto en el que se produjo el desahucio del pasado miércoles. Para el vecindario fue un momento muy duro. No se trata de cifras ni de expedientes administrativos, sino de personas conocidas, vecinos con los que se comparte el día a día. Ver cómo una familia con hijos menores de edad tiene que abandonar su casa genera una mezcla de tristeza, frustración y miedo entre quienes siguen viviendo allí.

Porque ahora mismo la preocupación es clara: si no se encuentran soluciones, podría haber hasta 18 desahucios más en esta misma barriada. Detrás de ese número hay casi una veintena de hogares que podrían quedarse sin vivienda. Hay menores que van al colegio en el pueblo, personas mayores que llevan años viviendo allí y familias que no saben dónde podrían ir si finalmente se ven obligadas a marcharse.

Lo que está ocurriendo en Fitero no debería verse como un problema privado entre propietarios e inquilinos. Es una cuestión social que afecta a todo un vecindario y, en última instancia, a todo un pueblo y a una comunidad como Navarra.

Cuando varias familias corren el riesgo de perder su casa al mismo tiempo, estamos ante una situación que requiere atención y responsabilidad por parte de las administraciones públicas. Todavía hay margen para evitar que el desahucio de esta semana sea solo el primero de muchos. Pero para ello es necesario escuchar a las familias afectadas, analizar qué está ocurriendo con las ayudas al alquiler y con unas viviendas que fueron construidas con ayuda pública, y buscar soluciones que permitan garantizar algo tan básico como el derecho a una vivienda.

Firmado: Patricia Alvero